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Elías Gómez
Elías Gómez

Hemos encumbrado la comodidad como un nuevo dios. Lo de la cultura del esfuerzo se lo han apropiado los reaccionarios para justificar sus privilegios de clase (son ricos porque se esforzaron y tú eres pobre porque no); sin embargo, el esfuerzo es una de las cosas más beneficiosas para nosotros.

Luiza Jarovsky, PhD
Luiza Jarovsky, PhD05/05/26

I see no lies here

Los docentes ya tenemos miedo de decirlo, porque se nos tacha precisamente de reaccionarios: pero es así. Reforma educativa tras reforma educativa se busca hacerlo todo más fácil para el alumno, para minimizar el proceso, que es lo que te fortalece, es donde aprendes. Las calculadoras y los automóviles son inventos sin duda útiles y fascinantes, pero no te enseñan a calcular ni te hacen más eficiente en la tarea de mover tu cuerpo: hacen precisamente lo contrario. “Todo está en Google” es uno de los mensajes más perniciosos para el futuro de nuestros jóvenes. La imagen de las escaleras mecánicas para llegar al gimnasio es una de las mejores metáforas contemporáneas. El sistema no te quiere fuerte. Te quiere con la fuerza justa para ser explotado y para consumir. Ser explotado y consumir de nuevo. Compra por internet, baja por el ascensor, paga el gimnasio: te queremos con la energía justa para trabajar todas las horas que puedas por lo mínimo que estemos dispuesto a pagarte: la energía que te quede la gastas en comprar en Amazon y en ver series (pagando, también). Cada vez las ciudades se adaptan más al modelo estadounidense: núcleos dormitorio oscuros, sin vida, cuyas aceras no pisas, porque subes del garaje a tu piso. Toda la vida comercial concentrada en unas pocas calles. Ve (en coche, claro), compra y vete. Los niños no juegan en la calle porque todo es tráfico o terrazas para emborracharse; un niño jugando no genera movimiento de capital, y es por lo tanto un estorbo, ruido; cómprale una consola y que pague por la suscripción a internet. Que se haga un TikTok y genere publicidad. El mundo moderno nos ofrece maravillas (siempre me han fascinado los videojuegos, y los modelos de lenguaje pueden hacer mucho bien), pero creo que algunos de sus inventos nos están convirtiendo a veces en seres impermeables a la felicidad. Estoy escribiendo esto en un prodigio de unos pocos centímetros que me permite desde ver películas hasta componer música o leer libros. Es maravilloso. Pero soy un esclavo de él. No concibo salir de casa sin él. No concibo irme de vacaciones sin él. No concibo dormir sin tenerlo cargado. No soy un neoludita: soy un apasionado de la ciencia y, por tanto, de la tecnología. Solo me preocupa que los poderes de siempre nos están haciendo esclavos de sus modelos de negocio. No nos vamos a quedar sin electricidad de repente y para siempre, ni sin internet, esto nunca será Mad Max, entre otras cosas porque al S&P500 no le conviene para nada. Solo defiendo que es mucho más fascinante hacer un fuego o potabilizar agua que pedirle a una IA que te dibuje al estilo Gimli. La tecnología salva vidas. Los coches, los móviles, los relojes inteligentes salvan vidas a diario, pero creo que parte de la desazón generalizada de nuestras sociedades tiene su origen en esta rueda de hámster en la que nos han metido. Vuelvo a mi negocio: la escuela siempre va a ser desigual, porque es un reflejo de la sociedad, como todo. Pero si les quitas a los niños toda la dificultad le quitas al niño obrero la posibilidad de aprender a luchar. Estoy muy de vuelta y ya tengo la convicción (otras veces la he expresado) de que los cambios educativos de moda no vienen a paliar las desigualdades, sino a reforzarlas. El niño tiene que aprender a calcular, a escribir a mano con destreza, tiene que saber historia (desde una perspectiva marxista, no me escondo). Hay que prohibir por ley (lo repito: prohibir por ley) la IA en las escuelas. Y hay que prohibir la IA en las escuelas porque no es más que una escalera mecánica en un gimnasio. Tu hijo necesita saber todas esas cosas. Quien no lo necesita es el hijo de Bezos. Y tu cuerpo necesita moverse. No es necesario cazar un mamut ni caminar 30 km a diario. Nuestra especie es una especie oportunista y con una increíble capacidad de adaptación. Pero a lo que voy es a que creo que la comodidad endiosada nos vuelve infelices. Y si hay que ser algo es felices. a la cama

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